jueves, 30 de junio de 2011

A todos los que aún dudan

Este movimiento masivo de protesta que nace con la crisis es algo más que un movimiento político reivindicativo para conseguir ciertas mejoras económicas o para recuperar ese tan cacareado "estado de bienestar" que, lo jure quien lo jure, nunca tuvimos y que solo fue uno de los tantos espejismos virtuales por los que hemos transitado desde nuestra tan esperada y decepcionante transición.
Son los mismos que mandaron, en y durante la dictadura, quienes mandan también hoy, solo que por un periodo de cuarenta años, jugando con nuestra hambre de carencias, tal y como han hecho después y con nuestra connivencia en África y Oriente Próximo, procuraron hacernos creer otra cosa, cuidando más las formas, haciéndolas más sofisticadas y modernas hasta llevarnos a esa burbuja que, sabiamente  llamaron "estado de bienestar", ante nuestra absoluta credulidad y consentimiento.
Las finanzas nos gobiernan sin gobiernos y nuestros políticos y representantes son sus testaferros. La mal llamada Unión Europea, su Mercado Común y su Parlamento, más perecido a una Lonja donde se subasta de todo, que a un foro político. Conceptos como Mercado Común, se interpreta como un Supermercado en el que, hasta el pepino, se convierte en arma arrojadiza y desleal con la que se pueda competir, sin tener en cuenta el coste en vidas humanas que pueda significar. Tenemos muchas vidas humanas, demasiadas según criterio del mundo de las finanzas y, la mayoría, sobre todo ahora que hemos llegado hasta los casi cinco millones de parados, parecen prescindibles.
El FMI (Fondo Monetario Internacional) integrado por un grupo de ancianos responsables y a la vez beneficiarios de esta crisis decide qué país ha hecho bien las cosas, cuál no, a quién hay que rescatar y cual sería la cantidad a devolver tras el rescate, incluidos los intereses devengados de la deuda.
Los muertos por epidemias, miserias, hambrunas, guerras, catástrofes medio ambientales provocadas etc..., todos esos muertos de a diario no tienen cara ni identidad. Hablando el lenguaje de facebook en donde me he visto incluido por complacer a una sobrina que, insistentemente, me reclamaba como amigo. Me vi obligado a cumplimentar un formulario e incluir, en caso de estar de acuerdo, una imagen. Como no incluí imagen alguna, en mi muro apareció un contorno de busto masculino en fondo blanco igual al que aparece en los muros de quienes, como yo, prefieren mantener su intimidad, que no su anonimato. Todos esos perfiles en blanco sí tenemos existencia real y nos negamos a ser anónimos, un término que, por lo menos a mí no me gusta. El matiz ideológico que, políticos y medios de comunicación le han añadido a la palabra anónimo, le han convertido en una palabra que puede confundirse facilmente con un insulto. Redes sociales como facebook y twitter nos han hecho resucitar proporcionándonos una nueva forma de comunicación, un nuevo y verdadero Foro en casa, desde donde y sin movernos de la silla, sin distancias y con solo la herramienta virtual, podamos conocernos y conocernos, comunicarnos e incluso convocarnos y tomar decisiones.
En una entrevista que Jauma Barberá hizo al periodista y escritor Eduardo Galeano en su visita a Barcelona, preguntándole sobre la impresión que le habían causado las manifestaciones pacíficas del 15 M, éste respondió: "son los invisibles haciéndose visibles, los silenciosos haciéndose escuchar"
Una gran verdad. Son estos ciudadanos, los designados por la presentadora del programa Informe Semanal del sábado 21 y en general por todos los medios de comunicación "ciudadanos anónimos" que, tras años de abandono y olvido, han decidido hacerse visibles, recuperar voz e identidad y convertirse en coprotagonistas del futuro.
Nunca milité y sigo sin militar en partido político alguno. Durante la época anterior a la transición, colaboré con el PC en actividades que pudieran precipitar el cambio pero solo en aquellas que creí necesarias. No creía y sigo sin creer, en la disciplina de partido, ni en la infalibilidad de su dirección.
No creo en partido alguno y me declaro antisistema. Tampoco creo que, como muchos dicen, para cambiar el Sistema hay que estar dentro de él. Estar dentro de él supone, o estar de acuerdo, o aceptar el juego dialéctico del desacuerdo, con el desgaste y desengaño permanente que eso supone. Creo que ya hemos jugado demasiado al desacuerdo, muchos de nosotros con honestidad y valentía, pensando que estábamos jugando con gente que nos correspondía con la misma honestidad y valentía.
Ahora estoy seguro de que no vale estar dentro del sistema y, visto lo visto, no puedo creer que haya podido aceptar toda la basura que he tenido que ver y tragar para que esa mierda de sistema no me apartara de él. Recuerdo que en los años ochenta, trabajando para España en el exterior, desde hacía algunos años y siempre en precario, comenzó a producirse un profundo, imprevisto e imprevisible cambio de actitud de nuestros políticos y representantes que me hicieron pensar que nos precipitábamos hacia la bancarrota. En un periodo muy corto de tiempo y por imperativos de la magia, pasábamos de precarios y casi milagrosos a ricos y despilfarradores. Desconfié y me dije a mi mismo que algo grave iba a ocurrir. Pero pasaba el tiempo y nada ocurría. lo que me llevó a pensar que podía ser yo el equivocado y que nuestra adhesión a Europa  nos había dado una prosperidad real. Me embarcaron en la "burbuja del estado de bienestar" y por un largo periodo de tiempo me dejé llevar por la bonanza y perdí el paisaje de nuestra autentica realidad. Hasta el día en que a alguien  se le ocurrió pinchar la burbuja y caímos en picado a la tierra.

No quiero seguir perteneciendo a este sistema en el que, mientras tenemos casi cinco millones de parados, los bancos, auténticos causantes de la crisis,  aumentan sus intereses en un 20%. Me apunto a la idea solidaria del escritor Eduardo Galeano y de un grupo de intelectuales latinos que, ante las desmesuradas quejas de los banqueros, decidieron crear un proyecto humanitario para "adoptar a un banquerito".
No puedo ni quiero formar parte de un sistema en el que, un ciudadano en paro, después de cierto periodo corto cobrando la ayuda social insuficiente, pierde todas sus entradas, no solo se queda sin salario sino que deja de pagar la hipoteca del pisó que compró durante la bonanza, según valoración del propio banco al alza, le embargan, pierde la casa que se ve obligado a abandonar con su familia y encima, deberá seguir pagando al banco que ha vuelto a tasar el piso, esta vez a la baja, la diferencia entre las dos valoraciones.
No puedo ni quiero, formar parte de un sistema que pretendiendo hacer creer a los ciudadanos que se preocupan por su salud, más aún que los propios ciudadanos, promulga una ley de prohibición del tabaco acompañándola de un aumento de precio del tabaco y sus impuestos mientras contempla indiferente, sin promulgar ley alguna que lo prohiba, el hambre de más de cuatro millones de ciudadanos.
Lo más increíble y surrealista del tema es que, en el caso de conflicto, nuestra - perdonén el lapsus- su justicia, les da la razón a ellos. Nosotros no tenemos justicia, solo tenemos leyes. La justicia es para ellos, está siempre al servicio del sistema y solo es aplicable a él.
Desde que destaparon la crisis, me he sentido como un escarabajo pelotero que arrastrando mi bola de excrementos, busco un agujero donde meterme y después taparme con una piedra. Pocas cosas quedan que me gusten. Tengo casi sesenta y siete años y pensé que nunca vería esto que ahora, con profunda emoción, esperanza y alegría, me habéis hecho ver.
Esto que está ocurriendo con los jóvenes y que acompañamos algunos que dejamos de ser jóvenes desde hace algunas décadas, me devuelve la esperanza pero, conociendo al sistema y sus tretas, mantengo el temor de que esto que se anuncia no se haga real. Por ello me gustaría dirigirme a los jóvenes y decirles que, por favor, nos permitan acompañarles en este alumbramiento pero que no nos permitan ser nada más que meros testigos. Todos los mayores de cuarenta años, sin excepciones, incluidos nosotros los que actuamos de testigos, estamos contaminados por el sistema de alguna manera, incluidos quienes no creemos en él.
Tenéis que rechazar el sistema y su concepto de bienestar. Tenéis que crear un mundo humano y verdaderamente sostenible. Que ninguno de nosotros, los mayores, venga a hablaros de su experiencia o de la de sus predecesores, ni de lo que debiera o no debiera hacerse. Puedo jurar que toda esa posible experiencia de nuestros mayores que por fuerza hemos asimilado, no nos ha servido para dejaros nada que valga de verdad la pena. Tal vez hayáis tenido una infancia y adolescencia más fácil y regalada, algunos más que otros, pero no hemos sabido dejaros la continuidad de un mundo mejor. Hemos malgastado nuestros recursos, hemos transformado la naturaleza en función de un aparente bienestar, hemos hecho cultos de la tecnología y el consumo, y hemos convertido al hombre en un ser depreciado
Tomad las riendas y comenzad un mundo nuevo donde el ser humano sea el eje y motor de la vida

1 comentario:

  1. Bravo.
    Me siento verdaderamente orgulloso de ser tu sobrino.
    Me has dejado sin palabras, más gente así hace falta.

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