lunes, 27 de febrero de 2012

Reflexiones sobre política y políticos

Acaban de pincharnos la burbuja del "medio-estar" - la del bienestar no la hemos conocido, a pesar de que se siga hablando de hacernos regresar a ella- y ya han vuelto a meternos en otra, de la que al parecer nos va a resultar mucho más difícil salir: la burbuja de la crisis y el miedo. ¿Verdaderamente estamos en crisis? Sí, sin duda alguna, pero ¡cuidado!, no caigan en el error de creer que solo se trata  de una crisis económica. La crisis económica es la menos preocupante y la que mejor viabilidad de salida tendría, si solamente se tratara de dinero y no estuviese, como sin duda está, vinculada estrechamente a otras crisis peores y de mayor calado ; la crisis de valores (Ética,Jurídica, Moral, Racial, Humanitaria, Sanitaria, Educativa,Estética, Climática, Medioambiental, etc,etc).
El hombre es por naturaleza un ser político y ello se desprende del significado etimológico de la propia palabra que viene del griego polis, ciudad y por extensión "asentamiento permanente de seres humanos".
El hombre es un ser sociable que se relaciona con sus congéneres en la ciudad, país y continente donde le ha tocado nacer o vivir. La política es y lo ha sido desde la Antiguedad, la ciencia  que se ocupa de analizar las estructuras que regulan la vida social de una comunidad. De hecho, para el pensamiento griego clásico, Política, Ética y Economía formaban parte de lo que llamaron "Filosofía practica" representada por Aristóteles. Es decir: Las Estructuras sociales y sus relaciones, requerían unas normas de conducta para la correcta distribución de bienes. En nuestro sistema actual, a ese bloque que integraba la filosofía practica del Mundo Antiguo, le hemos desposeído de la Ética. Le hemos despenalizado dándole luz verde hacia el caos. Véase la Grecia de hoy, la Primavera Árabe, el Movimiento del 15 M y todos los movimientos similares en los que la juventud y los desfavorecidos del mundo exigen el fin de este sistema sin escrúpulos.
Pero incluso en la Grecia Clásica, la política no siempre se apoyaba en experiencias sacadas de la realidad, sino en hechos abstractos que se intentarían fundamentar en  concretos, como fue el caso de Platón en su descripción del Estado Ideal. Es decir, hacer realidad lo ideal para así mejorar la vida cotidiana de los ciudadanos debería ser la finalidad del político. La búsqueda de equilibrio entre esa dualidad de la razón práctica y la razón pura (realidad-ideal), en permanente contradicción, es una de las mayores constantes del pensamiento moderno en la  que se refleja la política y por lo mismo, la historia personal y comunitaria.
Nuestros políticos, incluidos aquellos que en su momento quisieron hacer realidad de sus ideales, llegados al poder, se convirtieron en esclavos de la economía de mercados, uniéndose a sus exigencias e incluso decretando leyes que protejan solo a esos mercados que, finalmente, les suman a sus plantillas garantizándoles un puesto de Consejeros o Directores Generales, en una de sus empresas, tras finalizar sus periodos de mandatos. Todos ellos se han convertido en gestores de una crisis que aumenta con cada recorte que decretan, convencidos de que están haciendo lo justo. Son esclavos, felices de pertenecer a amos que les regalan con sus migajas e incondicionales a la autoridad del dinero.
Llegado ese punto dejan de cuestionarse su libertad. Dejan de ser dueños de si mismos y en lugar de implantar sus ideales en la realidad, hacen de esta realidad, cada día más sucia y fea, su ideal.Todo es lícito para sostener a un Sistema Predador en el que el mercado explota recursos vitales como el agua que, a pesar de que su usufructo está contenido como derecho en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se ha convertido en una nueva fuente de riqueza y negocio.
Los políticos y sus juristas decretan leyes ajustadas a ese criterio, eligen jueces que las defiendan y hacen de los ideales una caja de miedos. Y cuando, por un casual, aparece algún esclavo que se rebela contra la opresión del sistema y pretende ganar su libertad, en lugar de premiarle, le condenan a perpetuidad y le señalan como un ejemplo peligroso, mientras esas manos blancas que pretenden ser limpias, se cambian los guantes en un ejercicio de inmaculada pureza.