Este último miércoles se produjo una nueva infamia de las que ya nos tienen acostumbrados Los Estados Unidos de América y siempre con la misma repulsa: ninguna. ¿Qué ha pasado? Nada, no ha pasado nada. Simple y llanamente, Troy Davis ha sido ejecutado con una inyección letal. ¿Quién era Troy Davis? Un Joven negro de 42 años que pasó la mitad de su vida, 21 años, en el corredor de la muerte condenado a la pena capital por quitar, supuestamente, la vida a un joven policía blanco de Georgia, una de las zonas donde el conflicto racial ha estado y sigue estando más presente . Con un juicio pleno de interrogantes no resueltos, con el cambio de declaración de siete de los testigos que en principio le inculpaban y que luego lo negaron, alegando que habían sido presionados por la propia policía para llegar al veredicto de culpabilidad, sin que apareciera nunca el arma del delito, fue sentenciado a muerte y finalmente ejecutado ante la morbosa y enfermiza presencia de la familia de la víctima que quería ser testigo de su muerte y siempre, hasta el último momento, negando rotundamente su culpabilidad.
Estoy seguro de que en Estados Unidos, ese mismo miércoles, todo el mundo durmió tranquilo, incluidos los negros, plácida y profundamente, seguros de que su país les protegía contra el terror y el terrorismo, sin ni siquiera advertir que el terrorismo, al que tanto temen, es un artículo de diseño norteamericano.
Todos han creído de verdad que el segregasionismo y el clasismo habían desaparecido del país el día en que éste tuvo un presidente electo negro. ¿Realmente creyeron que el Sr. Obama iba a gobernar? ¿Wall Street lo permitiría?
¿Cómo una nación, considerada la más importante e influyente del mundo, puede chotear a toda su población y hacerles creer realmente que son diferentes y únicos?¿Cómo pueden creer que la existencia de la pena de muerte pueda suponer la certeza de la seguridad ciudadana? ¿No son capaces de ver que se juega con ellos y con sus intereses?¿ No perciben el cúmulo de contradicciones que todo eso representa? Un país que ha hecho de la industria de la guerra uno de sus mayores recursos, que vive de provocar la muerte, defiende la pena de muerte. También prohiben el aborto de un embarazo no deseado, responsable, por considerarlo un delito de sangre y aceptan sin embargo que las madres que parieron en acto voluntario y consecuente, aborten después de que sus hijos hayan cumplido la mayoría de edad, en guerras perdidas en países donde nada se les había perdido y de los que nada saben y a donde se les lleva haciéndoles creer que van a luchar en contra de la tiranía y devolverle la libertad y la democracia que representan y que solo ellos tienen: la posibilidad de elegir entre coca-cola o pepsi-cola.
Ese mismo país defensor de libertades que condena el delito de sangre con la pena de muerte, al tiempo permite que cualquier persona disponga de una o más armas, y de licencia de uso. Un país racista que, sin embargo, aprovecha a negros e inmigrantes latinos para utilizarles como carne de cañón para sus guerras, con la promesa de concederles, si consiguen regresar vivos, la ansiada nacionalidad que les permitiría - ilusoriamente así lo creen - pertenecer a la gran nación. No se dan cuenta de que nunca serán miembros de derecho. Mientras, la burguesía rubia y blanca protege a sus hijos permitiendo que otros, aspirantes a la nacionalidad o a la residencia, se ganen ese derecho peleando por ellos.
En ese gran país donde la sanidad es de las más caras del mundo y donde solo se considera un bien obligatorio para aquellos que puedan pagársela, muchísimas mujeres mueren anualmente de parto a causa de las malas practicas provocadas por la falta de medios.
La sanidad de ese gran país hace tiempo que aplica la pena capital a los hijos de todas las madres desfavorecidas.
Estoy seguro de que en Estados Unidos, ese mismo miércoles, todo el mundo durmió tranquilo, incluidos los negros, plácida y profundamente, seguros de que su país les protegía contra el terror y el terrorismo, sin ni siquiera advertir que el terrorismo, al que tanto temen, es un artículo de diseño norteamericano.
Todos han creído de verdad que el segregasionismo y el clasismo habían desaparecido del país el día en que éste tuvo un presidente electo negro. ¿Realmente creyeron que el Sr. Obama iba a gobernar? ¿Wall Street lo permitiría?
¿Cómo una nación, considerada la más importante e influyente del mundo, puede chotear a toda su población y hacerles creer realmente que son diferentes y únicos?¿Cómo pueden creer que la existencia de la pena de muerte pueda suponer la certeza de la seguridad ciudadana? ¿No son capaces de ver que se juega con ellos y con sus intereses?¿ No perciben el cúmulo de contradicciones que todo eso representa? Un país que ha hecho de la industria de la guerra uno de sus mayores recursos, que vive de provocar la muerte, defiende la pena de muerte. También prohiben el aborto de un embarazo no deseado, responsable, por considerarlo un delito de sangre y aceptan sin embargo que las madres que parieron en acto voluntario y consecuente, aborten después de que sus hijos hayan cumplido la mayoría de edad, en guerras perdidas en países donde nada se les había perdido y de los que nada saben y a donde se les lleva haciéndoles creer que van a luchar en contra de la tiranía y devolverle la libertad y la democracia que representan y que solo ellos tienen: la posibilidad de elegir entre coca-cola o pepsi-cola.
Ese mismo país defensor de libertades que condena el delito de sangre con la pena de muerte, al tiempo permite que cualquier persona disponga de una o más armas, y de licencia de uso. Un país racista que, sin embargo, aprovecha a negros e inmigrantes latinos para utilizarles como carne de cañón para sus guerras, con la promesa de concederles, si consiguen regresar vivos, la ansiada nacionalidad que les permitiría - ilusoriamente así lo creen - pertenecer a la gran nación. No se dan cuenta de que nunca serán miembros de derecho. Mientras, la burguesía rubia y blanca protege a sus hijos permitiendo que otros, aspirantes a la nacionalidad o a la residencia, se ganen ese derecho peleando por ellos.
En ese gran país donde la sanidad es de las más caras del mundo y donde solo se considera un bien obligatorio para aquellos que puedan pagársela, muchísimas mujeres mueren anualmente de parto a causa de las malas practicas provocadas por la falta de medios.
La sanidad de ese gran país hace tiempo que aplica la pena capital a los hijos de todas las madres desfavorecidas.

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